Soy lesbiana y odio los gatos: voy a morir sola





Tomado de: Krista Burton / The New York Times

Dia de publicación: 2017-11-13


Soy lesbiana, tengo 34 años, hace poco que soy soltera y tengo una lista de factores por los que terminaría con una relación. La guardo en mi celular y tengo una alarma para recordarme leerla cada mes.

En esa lista (hasta ahora) hay 49 rasgos de personalidad o estilo de vida que ahora sé, después de una experiencia tortuosa, que simplemente no estoy dispuesta a negociar: pueden acabar con el más dulce y tierno romance.

Estos son algunos de esos factores:

Si eres…

– De las que juegan videojuegos.
– Estás en una banda y te lo tomas en serio.
– Tienes autoaversión / no has salido del clóset / votaste por Trump.
– Una cumpleañera intensa (alguien que dice que es su “semana de cumpleaños” o “mes de cumpleaños” seguido de “¡Ja, ja, es broma!”, pero en realidad es en serio).
– Alguien que se dedica a la comedia de improvisación.
– Alguien que, en realidad, solo quiere una mamá, no una novia.

O eres…

– Mala para las cosas básicas de la vida, como ir al súper, cocinar o limpiar.
– Naciste con un gran privilegio financiero y finges no tener dinero.
– Una vegana militante.
– Alguien que publica en exceso en las redes sociales acerca del CrossFit, el yoga o los maratones.

Todas esas cosas implican que la relación nada más no va a funcionar.

Este año, después de un día particularmente malo, fui a un bar con una amiga. Nos reímos mientras ella leía la lista en voz alta y bromeamos acerca de añadir características más insignificantes (usar sandalias Keen para ir a una primera cita; que no se le ocurra otro pasatiempo más que “pasar el rato con mis amigos”).

Estábamos ya un poco tomadas para cuando llegó al rasgo número 29: “Le encantan los gatos y tiene un gato que solo vive en el interior / tiene más de un gato”.

Su voz vaciló cuando leyó esa parte. Yo bebí un trago de mi coctel. Mi amiga volteó a verme y dijo: “Vas a morir sola”. Es importante que haya gente honesta en tu vida. Tiene razón. Desde hace mucho lo he aceptado. Soy lesbiana, odio los gatos y voy a morir sola.

¿Saben quiénes son las personas a las que más les gusta tener gatos? Las mujeres. Las mujeres homosexuales. No todas las mujeres y no todas las mujeres homosexuales, obviamente, pero, adelante, los reto: intenten ser homosexuales, odiar a los gatos y buscar citas en línea.

Hay muchísimas mujeres homosexuales en Tinder, Her u OkCupid que están obsesionadas con sus gatos. A veces publican fotos de sus gatos como su única foto de perfil. ¿Cuál es la imagen que quieren mostrarle a sus posibles amantes como algo representativo de su personalidad? La foto de un gato atigrado envuelto en una cobija.

Aunque no haya fotos de gatos en su perfil, aunque encuentres a una de esas pocas personas que no te muestra fotos de gatos en su celular en la primera cita, nueve de cada diez veces es seguro que entrarás a su casa y verás una cola esponjosa y altiva que se aleja de ti. “Ah, ese es Shadow”, dirá tu nuevo ligue. “Mi ex y yo la adoptamos. Ten cuidado cuando pases por las esquinas… le gusta jugar a atacar”.

Ningún gato juega a atacar, amigos. Solo atacan o no atacan, y a mí siempre me sorprende la cantidad de personas que creen que es lindo que se te abalancen en la oscuridad, en tu propia casa, con garras tan filosas como un alambre de púas.

Los gatos son la peor mascota. Los gatos literalmente pueden comerte después de un periodo de 24 horas si mueres en un apartamento con ellos. No esperan a ver si quizá solo estás durmiendo mucho. Comienzan con los ojos.

Los gatos van al baño en una caja dentro de tu casa, patean sus propias heces —que pueden estar llenas de desagradables virus— y después se suben a las barras donde se prepara la comida o pasean perezosamente sobre la mesa del comedor, donde la comida se sirve y se ingiere. Al parecer la gente no tiene problemas con eso. Son gente con la que no puedo salir.

A los gatos les queda arena entre las patas y la esparcen por toda la casa, así que el placer de andar descalza se arruina con cada paso pedregoso y asqueroso. Si estás saliendo con alguien que permite que su gato esté en su cama, vuelve a leer lo de arriba: los gatos patean sus propias heces, así que ahora literalmente hay arena y heces de gato en la cama. La cama es donde se duerme y se tiene sexo, por cierto, actividades importantes que compartir con la persona con la que sales.

Los gatos no te aman. No lo hacen. Está comprobado. Son asesinos seriales narcisistas que te manipulan con cada movimiento. No se emocionan cuando llegas a casa del trabajo o de un viaje. De hecho, te castigan por haberlos dejado orinando en superficies suaves o destruyendo el primer sillón que compraste en otro lugar que no fuera Ikea. Tengo exnovias que son así.

A menudo me he preguntado por qué las mujeres y las personas homosexuales aman tanto a los gatos y, al final, creo que podría ser por esto: es posible que nos hayan condicionado a amar y hacer cosas por criaturas que no necesariamente nos regresan ese amor ni se preocupan por nuestras necesidades y quizá incluso nos desean el mal.

Como las mujeres que aman a los hombres cis. Como todos los que estamos en el mundo de las citas, intrigados por la persona que no nos quiere, pero es muy hermosa, esquiva y nos da suficientes esperanzas para seguir intentando estar con ella.

Los gatos reflejan las malas relaciones. Te ignoran. Quieres que tu gato te ame, así que le das el alimento especial que le gusta. Lo cepillas, limpias sus desastres e intentas con mucho esfuerzo ganarte su afecto y, al final, ¿dónde está el gato? El gato ha estado en el estante más alto del clóset, durmiendo durante once horas: al gato no le importas. Los gatos mantienen tu atención con pequeñas recompensas —ronronean en el sillón, te masajean el pecho durante veinte segundos y puedes sentir las garras pero, ¿acaso no es tierno?— y hacen que sigas involucrado emocionalmente en la relación.

Las personas a las que les encantan los gatos son masoquistas; están tan contentas de que por lo menos las reconocen sus mascotas malvadas y adorables que seguirán cuidándolas indefinidamente, conscientes de que las están usando y de que están expuestas a bacterias y a la increíble suciedad de la arena para gatos. Sin embargo, aun así se sienten satisfechas con lo que les toca en ese trato.

Quizá eso es lo que de verdad se encuentra tras el elemento número 29 de mi lista de factores decisivos: amar de verdad a los gatos significa odiarte a ti misma, y esa es una cualidad que no puedo aceptar en las personas con las que salgo. Pero mándame un mensaje si te gustan los perros.


https://www.nytimes.com/es/2017/11/10/soy-lesbiana-y-odio-los-gatos-voy-a-morir-sola/?action=click&rref=collection%2Fsectioncollection%2Fnyt-es&contentCollection=inicio®ion=rank&module=package&version=masinformacion&contentPlacement=5&pgtype=Homepage

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