El entorno social de los menores infractores





Roberto Fleischer Haro/


Dia de publicación: 2017-11-07


El consumo de drogas en nuestro país es un grave problema, el cual día a día crece el número de dependientes y de muertes por adicción. Este problema se ha convertido aún más crítico desde que niños y adolescentes están expuestos a infinidad de drogas que existen en las calles (El narcomenudeo), problema que ya está teniendo consecuencias en nuestro Estado.

Nos han impactado los sucesos recientes donde han participado menores, la lamentable actitud que a tan temprana edad han tomado. ¿Qué les deparará el destino cuando logran la mayoría de edad, si es que la alcanzan?, desgraciadamente serán unos delincuentes en potencia.

“Recordatorio” a los Oficiales de Seguridad Pública Municipal, que cuentan con el Bando de Policía y Gobierno concretamente en el Articulo 162 Inciso IV que dice entorpecer la acción o el ejercicio en sus funciones a la policía en una falta o detención de un infractor etc. Etc. Lo que expongo motivado en el desenfreno de los menores que actúan en los barrios aledaños al Cerro de la Campana especificamente en la calle California donde está ubicado el semáforo.

El hombre es el ser humano más débil de la creación en la primera parte de su vida, en la que requiere de cuidados y atenciones extraordinarios, no solamente para poder sobrevivir, sino formarse y realizarse.

Los fundamentos del carácter se forman en la familia; es en la familia donde se adquieren las bases sólidas para su futura formación.

Una anormalidad o defecto en las primeras etapas hará que el sujeto llegue el momento crucial en situación viciada, haciéndolo entrar en una crisis de valores e impidiéndole su correcta estructuración.

La decisiva influencia de la familia es tan señalada en la delincuencia de menores que es la única de tomarse en cuenta. Un factor importante en el origen de la delincuencia es la familia disfuncional.

Existe un tipo de familia que podríamos llamar “típicamente delincuente”; en esta familia es casi imposible que el menor no llegue a delinquir, ya que generalmente sus primeros delitos son dirigidos por los mismos padres.

Estas familias viven en un ambiente de absoluta promiscuidad, donde no es extraño el incesto, donde impera la miseria y el hambre, donde los

niños son mandados por los padres a pedir limosna, y cuando son mayores a prostituirse.

Cuando el padre es alcohólico o drogadicto, y labora en los oficios más bajos, por lo regular es delincuente habitual y de poca monta, cleptómano; su inteligencia es escasa, es un sujeto irracional y altamente agresivo.

La madre comúnmente está viviendo en unión libre, y los hijos que tiene provienen de diversas uniones, y en más de una ocasión no podría identificar ciertamente quién es el padre de sus hijos.

Estas familias habitan en barrios o regiones altamente delictivas, donde ni siquiera la policía se atreve a entrar. El menor que sale de estas familias es el de mayor peligrosidad, y es también el de más difícil tratamiento, pues tiene en contra todo, herencia, familia, formación, ambiente, etc.

No toda la familia donde el padre es delincuente es una escuela del crimen, pero estas excepciones no son muy comunes, y dependen del contrapeso de la madre, del ocultamiento de las actividades del padre, o de otros poderosos inhibidores.

Al hablar del delincuente no nos referimos tan sólo al padre que es ladrón, ratero o carterista,

hablamos también del gran industrial que evade impuestos, del fabricante que adultera sus productos, de todos los profesionistas que no practican su ética.

Todos estos padres delincuentes pervierten al menor en forma socialmente más dañina, pues es la delincuencia “honorable” que va contra los más altos valores de la dignidad humana, y que no tiene la atenuante de la miseria o la ignorancia, de la herencia o de la escasa inteligencia.

Los hijos que nacen de padres desconocidos, enfermos crónicos, y que viven toda su vida en condiciones humillantes y deplorables. Nunca podrán comportarse como el que nace en una familia moralmente ejemplar y con posibilidades económicas de una educación esmerada.

Principiaremos con las clases mas bajas, y aquí el representante clásico es el “pelado”. El pelado no oculta pensamientos ni emociones, su lenguaje es crudo y vulgar, y sus reacciones emotivas y sentimentales no tienen freno.

Los individuos que viven en este ambiente, aprenden a sobrevivir desde pequeño, pues desde pequeña edad tiene que luchar por la vida, y esta vida hostil lo hace ser una persona resentida. Ese resentimiento lo lleva a cometer actos antisociales.

Sin embargo, no todo es negativo en esta clase; en las vecindades se ven ejemplos de amor y cooperación humanas que quisiéramos encontrar en clases elevadas. El “peladito” nunca culpará a sus padres o a la sociedad, sino que aceptará tranquilamente su culpa. Y no es raro escucharles la frase tan conocida de “somos pobres, pero honrados”.

Los niños que crecen influenciados por los padres; su desprecio a los que tienen menos que él, a los que cree que tiene derecho de humillar, su deseo de vivir y gozar. De jóvenes se hacen desobligados y holgazanes y su ansia de vivir los lleva a continuos conflictos con la justicia.

Estos individuos llegan con facilidad a actitudes antisociales. Generalmente se mueven en un terreno de pre-delincuencia, pues difícilmente cometen verdaderos delitos y cuando los cometen, el dinero e influencias familiares los sacarán fácilmente del problema.

La “delincuencia” infantil se dirige generalmente contra la propiedad en sus formas más simples: robo y daño en propiedad ajena “El Graffiti”.

El monto de estos pequeños es reducido y raramente se comete fuera de la escuela o la familia. Con excepción de aquellos menores que roban por necesidad, o por que son mandados a robar por sus padres u otras personas mayores,

el niño roba para satisfacer pequeños deseos: golosinas, cine, diversiones, etc. Los daños a la propiedad ajena son causados por juego o como travesura. Por su escasa fuerza física no son comunes los delitos de lesiones u homicidio, y los sexuales son escasos y han sido empujados o provocados por los mayores.

Debemos garantizar la seguridad jurídica y social de los derechos de los menores para evitar conductas infractoras, motivado lo anterior por la violencia intrafamiliar.

Debemos de difundir una guía para los menores, que los oriente y los ayude a no ser victimas de abusos de sus padres y de la farmacodependencia, del alcoholismo y del propio entorno social, asimismo fomentar la cultura, deporte, recreación y afecto a sus semejantes para inculcarles la prevención del delito.

Roberto Fleischer haro

Miembro de la IV generación de egresados de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

Registro Nacional de Seguridad Pública FEHR440205H26223583


Este contenido ha sido publicado originalmente por Dossierpolitico.com en la siguiente dirección: http://www.dossierpolitico.com/vernoticias.php?artid=197487 Si está; pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. Dossier Politico

Comentarios



Aún no existen comentarios

Sé el primero en comentar ésta nota

Comentar nota



Su correo electrónico no será publicado.
Son obligatorios los campos marcados con: *