José Woldenberg: En la sociedad mexicana no cabe un solo discurso



Figura central de la transición democrática en México, el ex presidente del IFE reflexiona sobre los efectos de la pandemia en el desarrollo político del país, de la importancia del INE y de la pluralidad que caracteriza a nuestra democracia.


Tomado de: Victor Hugo Michel / Milenio

Dia de publicación: 2020-08-01


Transición. Alternancia. Voto. Y, por supuesto, democracia. Quizá sea imposible entender el largo y jamás perfeccionado tránsito del sistema político mexicano, desde el monolítico autoritarismo del PRI hasta la pluralidad multipartidista, sin analizar el papel clave jugado por José Woldenberg (Monterrey, 1952).

Aunque reacio a hablar del futuro —le disgustan los pronósticos—, el ex presidente del Instituto Federal Electoral (IFE) analiza con preocupación las reciente tendencias políticas y sus posibles consecuencias en una democracia como la mexicana, a la que ve con una fragilidad creciente. Le alarman la polarización, los intentos de uniformar el discurso político, la tentación autoritaria, y el desdén por los contrapesos. Pero, al mismo tiempo, es optimista y afirma: “La mexicana es una sociedad en la que no cabe un solo discurso”.


¿Qué cambios podemos esperar en nuestro sistema político a partir de la pandemia?

La pandemia tendrá un efecto fuerte en la economía del país y la recuperación no va a ser instantánea, sino lenta, y eso va a generar un malestar comprensible. Y quizá, incluso, irritación, porque cuando las personas ven que sus condiciones materiales de vida se deterioran es natural que el humor público se vuelva más agrio. Más allá de eso diría que es un caldo de cultivo que debería de ser preocupante para todos. Lo que más me preocupa son las pulsiones antidemocráticas que emergen del gobierno actual: creo que no invento nada si señalo que da la impresión de que al presidente de la República no le gustan otros poderes constitucionales que puedan funcionar como contrapeso, ni las organizaciones de la sociedad civil, ni los órganos autónomos del Estado, ni la prensa crítica. Creo que todo ello es lo que realmente debería de preocuparnos porque a México le costó varias décadas construir una incipiente democracia.

La crisis económica de 1929 aceleró el paso hacia los totalitarismos. ¿Impactará la crisis actual en la forma en que se configuran nuestras democracias y el papel que juegan en ellas las ideologías de extrema derecha o de extrema izquierda?

A mí me gustaría ser más historiador que pitonisa, pero lo que usted señala es cierto. El caldo de cultivo en el cual prosperaron y se construyeron regímenes totalitarios incluyó, sin duda alguna, las graves crisis económicas y la secuela de la Primera Guerra Mundial, pero en aquel entonces también estaba muy deteriorado el aprecio por los sistemas democráticos. Esperaría que la cantidad de regímenes dictatoriales, autoritarios, totalitarios y teocráticos que inundaron el mundo nos sirvieran como vacuna para estar alertas y no repetir experiencias como esas. Creo que en estas materias nunca se pueden establecer correlaciones simples, pero hemos visto en los últimos años crecer el desprecio por los sistemas democráticos, sobre todo por los sujetos y las instituciones que hacen posible a la democracia, y ahí me refiero a los partidos, a los políticos, a los congresos y a los gobiernos. Ese desafecto hacia esas figuras está llevando en muchos lugares del mundo a la emergencia de personalidades carismáticas, que creen que pueden prescindir de los sistemas de mediación.

En el sismo de 1985, el desastre activó a la sociedad civil mexicana. Fue un catalizador que llevó a la democratización. ¿Cree que a raíz de la crisis del covid-19 podrá experimentarse un cambio similar?

México es una sociedad masiva, contradictoria, pero plural. Lo que palpita son diferentes ideologías, puntos de vista, intereses e incluso sensibilidades. Es esa diversidad la que alimenta y hace necesarios los sistemas democráticos. Es una sociedad en la que no cabe una sola ideología, un solo discurso, una sola organización y un solo liderazgo. Es una sociedad que no puede ser uniformada, ni tampoco puede conformarse en dos polos. Y esa sociedad civil es un campo contradictorio porque hay organizaciones de derecha, de izquierda, auténticas organizaciones y otras que son muy poco profesionales. Lo que me preocupa es que desde el gobierno no se vea a esa sociedad civil como parte de la riqueza que existe en México —más bien se le desprecia o se le margina— porque estoy convencido de que el debate público es más rico y más productivo si en él aparecen diferentes voces.

Uno de los elementos centrales de nuestro sistema democrático es el espacio público: el mitin, la campaña, el roce con la gente. ¿Cómo adecuarnos, cómo ajustar nuestro sistema democrático a una nueva realidad en la que no se puede salir ni a la calle o tener contacto con la autoridad?

Espero que esto sea temporal, pero ya han empezado a darse sucedáneos en muy diferentes espacios. Por ejemplo, en la UNAM, haciendo clases a distancia, exámenes a distancia. Entiendo que muchas instituciones que tienen cuerpos colegiados han estado deliberando a distancia, que siguen con sistemas como Zoom.

Me imagino que el Instituto Nacional Electoral (INE) deberá estar ya trabajando en fórmulas alternativas para el ejercicio del voto en caso de que este no se pudiera realizar como lo conocemos. Las campañas suponen mucho contacto de los candidatos con las personas, muchos actos públicos, muchas concentraciones incluso masivas, y en una época de pandemia nada de eso es recomendable y se tendrían que buscar fórmulas alternativas. Pero de lo que no podemos prescindir es de la actividad electoral porque nuestras autoridades, desde el presidente de la República hasta los presidentes municipales, los congresos locales, el congreso federal, los ayuntamientos, han sido electos por un tiempo determinado y tenemos que poner en acto aquello que permita su relevo, y hasta donde hoy estamos no hay otra fórmula más que las elecciones.

Al sistema electoral mexicano siempre se le ataca, se le critica por unos y por otros. Es el deporte nacional. ¿Qué tanto se puede golpear al INE antes de que se erosione?

Claro que hay consecuencias. Lo que ningún exorcista va a poder hacer en México es difuminar la pluralidad política que hay en el país. Si aceptamos esa premisa, es decir, que México es un país donde palpita la pluralidad política y que el único sistema que permite la convivencia y la competencia de esa pluralidad en términos institucionales y pacíficos es la democracia, y que para existir requiere de un sistema electoral fuerte, transparente y equitativo, debemos preservar y apuntalar ese sistema.

Tenemos un sistema electoral que permite eso, que las diferentes fuerzas compitan por los puestos electivos, y si hay algún problema en todo ese sistema habrá que corregirlo pero lo que creo que ninguna fuerza política relevante, y ahí incluyo al gobierno, debería hacer es torpedear la confianza en lo que tantos años ha costado construir, unas normas y unas instituciones que garantizan que la diversidad política que existe en México pueda convivir, pueda competir, pueda expresarse y pueda recrearse en términos institucionales.


¿Cómo recibe o cómo observa usted lo que plantea el Presidente sobre su “supervisión personal” en la equidad en las elecciones?

El Presidente no tiene facultades para ello. Pero esa declaración se puede ver en dos sentidos: si se quiere ver de manera positiva, es un llamado a los propios funcionarios del Ejecutivo federal para que se comporten bien. También se puede leer como una intromisión en una esfera que no le corresponde, pero tenemos un Instituto que es el encargado de la organización de las elecciones y un tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación más tribunales en los estados, que deben dirimir los litigios.

Perfil.José Woldenberg
Doctor en Ciencia Política. Nació en Monterrey en 1952. Es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática, Consejero Electoral y Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral. Es autor, entre otros libros, de Violencia y política, Memoria de la izquierda, El cambio democrático y la educación cívica en México.


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