Las violencias; causas y efectos





Dr. Carlos G. Palafox Moyers/


Dia de publicación: 2019-07-05


Para algunos sectores de la sociedad pareciera que la violencia e inseguridad,  que padecemos hoy, es una maldición que viene del más allá. Que algún  fantasma malévolo de la obscuridad mandó un hechizo  y hoy sufrimos esta terrible condena de vivir todos los días el calvario de la violencia e inseguridad en todo el país.

Sin duda esta violencia genera temor, angustia y en muchos de los casos pánico  en algunas regiones del país y del Estado de Sonora. Por ello es  importante resaltar que la violencia es una construcción de la sociedad en el día a día, mes tras mes,  año tras año y décadas, de ir conformando un tejido social que tiene partes buenas y nobles, algunas no tan buenas y otras muy contaminadas, que conforman y multiplican a la violencia y de ninguna manera es una  maldición.

La violencia se va construyendo en la historia de cada región por factores económicos, sociales, culturales, ambientales y hasta políticos. La violencia de hoy, se fue cocinando a fuego lento por  algunas décadas.

 En las últimas semanas, en casi toda la República y el Estado de Sonora, se ha vivido una violencia poco vista  en años anteriores no sólo por la cantidad de homicidios sino la saña y brutalidad de la misma. De acuerdo con las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP)  en el mes de junio se reportaron 2 mil 543 víctimas de homicidios dolosos a nivel nacional. En promedio se calcula que hubo 84 muertos diarios. Se trata de la cifra más alta en lo que va del año 2019 y de años anteriores. Por otra parte, el Estado de Sonora registro un conteo preliminar de 152 personas asesinadas en el mes de junio de 2019, por lo que puede considerarse como el más violento en casi  en la historia delictiva del Estado.

Una de las interrogantes con mayor recurrencia escuchamos es la siguiente: ¿Cómo poder explicar este fenómeno tan complejo? y partir de ahí lograr una salida que permita ir disminuyendo paulatinamente la violencia y la inseguridad. Para ello es importante ver los dos componentes de la ecuación de las violencias; las causas y los efectos del fenómeno.

 Es de vital importancia  analizar los factores o procesos económicos, sociales, culturales y ambientales que incrementan la probabilidad de generar ambientes sociales violentos, así como la ruptura de tendencias históricas de procesos de convivencia social pacífica en una región específica, es decir ir a las causas del fenómeno para poder ver la raíz del problema.

En muchas ocasiones no centramos en analizar los efectos del fenómeno y dejamos de lado los verdaderos factores que están generando los altos niveles de violencia, es decir desechamos las causas. El reto es el de analizar  las causas, por un lado, y los efectos, por el otro, como eje central de este grave fenómeno social.

Si quisiéramos analizar los efectos de la violencia y la seguridad estaríamos centrando en la recolección de los datos e ir analizando la evolución del fenómeno y proponer estrategias de corto plazo centrado en atacar de manera agresiva a los grupos delictivos   y seguramente  la tendencia  del fenómeno sería el de mantenerse o incluso incrementarse  los niveles de violencia, desafortunadamente  los últimos 13 años soportan esta hipótesis; atacar los efectos.

  El enfoque de Seguridad Nacional implementado por los dos gobiernos federales anteriores, al actual, se centró en la guerra contra el crimen organizado y dirigido más a combatir los efectos que en las causas  ya  que son estas las que están originando la violencia e inseguridad en el país. Por ejemplo el plan anticrimen (Peña Nieto) no tenía una metodología transparente, los proyectos carecían de evidencia sólida para saber si funcionarían y no se incorporaron indicadores o metas que hicieran posible una evaluación de su impacto. Además muchos de esos recursos utilizados para los programas prevención del delito fueron mal utilizados, por decir lo menos, por las autoridades municipales, estatales y federales.

 Por otra parte a  la  clase política le produce cierto escozor el tema de la violencia  además veían que no tenían resultados de corto plazo y no era  tema atractivo  para subir al escaño político. Ello tal vez explique la poca importancia que se le da al tema de la violencia de parte de las autoridades.

 Los elementos señalados con anterioridad  y sumado a la  gran  falla de las  instituciones  que presentaban un gran nivel de debilidad y descomposición al interior que se reflejaba en altos niveles de corrupción e impunidad nos acercaba a un estado fallido. Además a  partir del año 2000 no se logró consolidar un estado funcional dinamitado por un lado, por las formas caciquiles y clientelares de los gobiernos Estatales y por otro, por el crimen organizado.

 Por ello es crucial  utilizar un enfoque que permita determinar y analizar los factores o procesos económicos, sociales, culturales y ambientales que incrementan la probabilidad de generar ambientes sociales violentos. Un enfoque  que busque detectar los factores precursores y de riesgo, de las condiciones que favorecen que la violencia se detone, se generalice y se profundice.

  Además que analice los  contextos y actores que son clave y que pueden ser modificados a través de políticas y programas públicos y privados, sociales y civiles para reducir o atenuar los factores de riesgo, así como para fortalecer los de contención. Es de particular interés explicitar cuáles son las condiciones actuales en que se desarrollan la infancia y la juventud y cómo se fueron gestando, así como los factores que inciden en la seguridad de las mujeres.

 Bajo este enfoque es muy difícil obtener mejorías en el corto plazo sobre  los indicadores de incidencia delictiva,  pero se lograrían los  objetivos, de disminuir la violencia y la inseguridad, en el mediano y largo plazo.

Además La violenta realidad mexicana exige  una justicia independiente que investigue las conexiones entre  la clase política y los grupos delictivos. Por otra parte, se requiere no solo policías bien capacitados, con armamento adecuado sino también bien pagados y con prestaciones de ley,  para tratar de lograr que la comunidad pueda confiar nuevamente en ellos; un paquete de medidas sociales a largo plazo para recuperar el campo y a los jóvenes, principales víctimas y victimarios de esta tragedia. En lo relativo al campo o zonas rurales en todo el país han sido totalmente abandonadas  en los últimos 50 años por los gobiernos federales  y son un gran espacio aprovechado por los grupos delictivos.

 Por ello es lógico pensar que solucionar un problema tan estructural llevará más tiempo que los seis años de gobierno de López Obrador, pero su objetivo debería ser poner los cimientos para  ir construyendo un modelo que se centre en las  causas  y no solo en los efectos.

 Concluyo con un párrafo de Pardo Neiras- NYT 2019- “En México, matar se ha convertido en una solución transversal que sirve no solo para acabar con el enemigo, sino para acabar con cualquier molestia presente o futura que se cruce con esos poderes: el miedo como forma de control social”.



Dr. Carlos Germán Palafox Moyers

 Investigador-Docente del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora y Consejero del Observatorio de Convivencia y Seguridad del Estado de Sonora (OCSES


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