Silvia Arvizu, sin eufemismos





Magdalena Frías J. Dossier Politico

Dia de publicación: 2008-06-04


No hay dos realidades, quizá haya anonimato.
Como resultado de cierta circunstancia peculiar: estar en la cárcel, nace una búsqueda que se fuga en la escritura, que encuentra su forma y se identifica en la pulsión de un tacto más allá de las paredes: la imaginación. Así, Silvia Arvizu, desde el Cereso, en su búsqueda escribe y retrata una colectividad, una voz que se bifurca en el testimonio de la cárcel: trece relatos, trece testigos, trece bocas que se dicen y van dándole identidad a la escritura, van llenando los espacios que quedaban, las heridas que cicatrizan, las desnudeces que comulgan en el patíbulo.
Silvia Arvizu en Breve Azul, Ediciones La Cábula 2008, me deja una sensación ácida, que se esconde tras los barrotes, que evita la desvergüenza y se anuncia en periódicos. Breve Azul como esa escritura que caza fantasmas, edifica vidas, reconstruye las nostalgias que a fuerza de olvido son minutos que se ganan; esta narrativa como la crónica de un exilio.
Los lectores de Breve Azul van a llegar al punto donde ya no se ve a través de la cerradura, se revelan las verdades, no hay caja de Pandora, se olvidan las posibles compras de fin de semana, los eufemismos se sabe que son innecesarios.
En tanto algún niño aparece gateando, se topa de frente con algo y sube la mirada hasta ver a una mujer desconocida, entonces le avienta los brazos, le sonríe, logra que lo cargue. De pronto pasa a otros brazos que se alejan, y todo se va haciendo cada vez más pequeño ante sus ojos, y esa mujer que se queda es el testigo que sale al encuentro del lector, a narrar la sangre que se cuela por las paredes, la que pesa en el cuerpo más que en la conciencia.
Mujeres de frontera habitan las letras. Mientras miro a mi alrededor una libertad que se anuncia mínima, al borde de la cama, en el clóset, la sala. Quisiera pensar en los aportes literarios, y me vienen a la mente varios cuentos, escenas de novelas policiacas, me acuerdo de “La autopista del sur”, algo de “Los siete locos”, un poco de Ernesto Sábato; todo tan distante y no, tan para dudarlo, para dejar que todo se cuente, que cada palabra sea como una puerta que se abre.

Ahí está Breve Azul, testigos que nacen para una nueva memoria.


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