Los personajes del Viejo Empalme

Pintor de brocha gorda, dueño de un sinfín de anécdotas en esta ciudad; por las noches se reunía en la refresquería del Señor Lares a contar sus historias, éstas en su mayoría falsas.


Don Juan Trasviña Ocampo recordó con sus dibujos a conocidos personajes empalmenses y don Antonio Padilla, cronista de la ciudad, recreó el quehacer de cada uno de ellos

Dia de publicación: 2005-09-19


Durante el pasar de los años en esta centenaria ciudad, han existido personas que dejaron huella por su actuar en esta sociedad tan polémica y añorada.
Algunos por su profesión, otros más por su actividad laboral y en definitiva quienes con su actuar en las calles de la Ciudad Jardín, son dignos de recordar en el marco de las fiestas del Centenario de Empalme.
Para dar vida a algunos de los muchos personajes de la vida pública del Empalme de ayer, Don Juan Trasviña Ocampo, ex ferrocarrilero y creador del escudo de este municipio, realizó una exposición de dibujos a lápiz.
Y para recordar a estos personajes, Don Antonio Padilla Campillo, cronista de la ciudad, describió sobre el quehacer de cada uno de ellos en esta ciudad que albergó cariñosamente a los que incluso llegaron de tierras muy lejanas.

Ángel Castro
Empalmense inmortal del beisbol; mexicano que brilló por su participación en la Liga Mexicana con los Alijadores de Tampico y también conformó parte de la Liga Cubana con el Equipo Mariano.
En este último también lo acompañó otro empalmense de nombre Alberto Leal con el equipo Almenare, de Cuba.
Para escuchar los juegos donde ellos participaban, se sintonizaba la radio de onda corta que transmitía la CMQ, de La Habana, Cuba.

Calita Ibarra
Joven deportista practicante del beisbol; fue un pitcher consistente, estrella del equipo de Empalme en la primer Liga de Sonora Profesional.
Representó a nuestro estado en un Campeonato Nacional Amateur en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas.

“El Canasta”
Era un japonesito dueño de una refresquería cerca de la Plaza Centenario; de carácter alegre y simpático, hablaba poco español y fue muy estimado por los empalmenses de ese tiempo.
Al declararse la guerra donde estaba inmiscuido su país de origen, tuvieron que concentrar a todos los ciudadanos japoneses en las ciudades de Tala, Jalisco y México D.F., esto por los años de 1942.
“El Canasta” regresó aquí al término de la Segunda Guerra Mundial y se hizo cargo de la refresquería llamada “La Chiruza”, también por las cercanías a la Plaza Centenario.

Carlos Lesser
Fue el primer gerente de la Cooperativa de Consumo Ferrocarrilero Sonorense; recordado con cariño por todos los obreros ferrocarrileros y por toda la gente que lo conoció.
Padre de un par de gemelos, quienes se distinguían en la ciudad y crearon fama de traviesos, recordando en especial la hazaña de subirse al Tinaco y sentarse al borde para elevar papalotes cuando tenían aproximadamente diez años de edad.

Carlos López, “El Negro Bony”
Fue ferrocarrilero, padre de familia y beisbolista aficionado; con el tiempo dentro de la práctica de este amado deporte de los empalmenses, se convirtió en ampayer.

Fallecido hace tiempo, actuó en ligas de aficionados; sus hijos son ampayers profesionales tanto en el norte como en la Liga Mexicana.

Casanova
Pintor de brocha gorda, dueño de un sinfín de anécdotas en esta ciudad; por las noches se reunía en la refresquería del Señor Lares a contar sus historias, éstas en su mayoría falsas.
Seguidamente se reunía con un grupo de empalmenses cultivadores de este tipo de historias, fueron famosos en los años 40’s aquí.
Cuando los jóvenes de la época querían hacerlo enojar, le gritaban: “Casanova, ¿y la manguera?” y si alcanzaba a alguno de ellos, los abofeteaba. Cuando alguien contaba una historia, se acostumbraba comentar: “Son de Casanova”.

César Gutiérrez, “El Oloroso”
Desde joven fue miembro del equipo donde jugaba Ronaldo “El Rony” Camacho, dueño de los guantes de beisbol.
Participó en los Juegos de la Revolución en la Ciudad de México, donde ganó en la categoría de relevo el 90 por ciento de los triunfos del equipo de Sonora.
Posteriormente entró como pitcher profesional con el equipo de Santa Ana que manejaba “Pisi” Martínez, ganando 19 juegos y perdiendo sólo uno, resultando campeones de la Liga Norte de Sonora.
Después debutó con Empalme en la Liga Invernal de Sonora, para seguidamente pasar a Navojoa y a la Liga Mexicana; jugó con Los Tigres, Aguascalientes donde ganó 25 juegos y con Poza Rica.

Amado Beltrán
Originario de Santa Rosalía, Baja California, poseía nariz y mejillas pigmentadas rojizas a causa del buen beber.
Vendía huevos por calles y los callejones del viejo Empalme, así como chorizo proveniente de San Blas.
Típico y muy alegre vendedor que la gente se divertía al escuchar que gritaba “Nadie trae los huevos más grandes que yo”.

Don Marcos
Marcos Morales Vargas empezó en el año de 1925 con la vendimia de tacos dorados, a la par de tostadas de cueritos, barbacoa y refrescos.
Reconocido además por su habilidad para tostar cacahuate, Don Marcos instaló su carreta de madera, donde vendía los tacos dorados, en ese entonces estableciendo una lonchería donde su compañero de venta era el señor Santiago Burgueño.
El ya conocido vendedor de los ricos tacos y su excepcional salsa, tenía amistad con el entonces encargado del Cine Lírico de esta ciudad Roberto Cristópulos, y a las afueras de este centro de diversiones instaló otra carreta de madera vendiendo los tacos dorados.
Actualmente aun después de fallecido, se puede disfrutar de estos tacos dorados y su rica salsa, en la carreta que tradicionalmente se conoce en Empalme ubicada en Calle Héroe de Nacozari y Niños Héroes, frente al antiguo cine.

“El Chabelón”
Isabel Puentes era un hombre de cuerpo fuerte, pero débil mentalmente; corredor de grandes distancias que ganó para Empalme la mayoría de los maratones en los que participó.
Recordado por los habitantes del viejo Empalme, “El Chabelón” era exagerado al caminar, recorría todo el pueblo en poco tiempo, y cuando le ofrecían raite no aceptaba porque “llevaba prisa”.

“El Chencho Loco”
Joven perdido de sus facultades mentales, muy querido en este pueblo; hijo de Doña Clara, señora que se dedicaba a lavar y planchar en las casas donde requerían dichos servicios.
La juventud empalmense de aquellos años siempre trató de darle protección y cuidados, ya fuera por cariño o lástima, le gustaba el beisbol y en referencia a este deporte, hacía gestos con cara y manos.

“El Comandante”
Era un señor de apellido Maytorena que circulaba por la colonia Ortiz Rubio, por rumbos del bar El Tecolote.
Siempre traía una gorra o quepí de policía y fajado al cinto una pistola de madera, así como un silbato con el que trataba de poner orden cuando consideraba hacía falta.

“El Coreano”
Hombre que llegó a Empalme y no hablaba español; los maquinistas le regalaron una cachucha y él le dio forma a las que usaban los franceses.
Los trabajadores del riel igualmente le facilitaron ropa y cobijas, dado que pernoctaba debajo del andén del Express del Ferrocarril y vivía de los mandados que hacía a vecinos del sector Bella Vista.
Medía casi dos metros de altura y tenía ojos de color acero, vestía lo posiblemente pulcro y siempre de manga larga.
Entre 1969 y 1970 derrumbaron la antigua estación de madera, levantaron el andén del Express y la sorpresa de los trabajadores fue que lo encontraron muerto.
Al aplicarle la autopsia, en una de sus muñecas tenía un tatuaje con las siglas “SS”, como marcaban a los miembros de Policía Secreta Nazi, descubriendo así que no era coreano, ni mudo como todos creían.
Descubrieron que arribó a Guaymas en un barco mercante y después se trasladó a Empalme, donde podía pasar desapercibido.
Fue de los desertores tal vez, del Tercer Reich.
“El Güero” Canevett
De nombre Eugenio, un señor de carácter alegre que jugaba de catcher en equipos de aficionados representando a Empalme en la Liga de Sonora.
Además de ser buen deportista, se reconocía por su habilidad para cocinar barbacoa de res al pozo y por razones desconocidas tuvo la desgracia de perder ambas piernas, aún así ordenaba a sus hijos cómo preparar vaquillas.

“El Güero Patón”
De origen norteamericano que llegó a Empalme como secretario de un ferrocarrilero de ese país del norte, quien desgraciadamente se suicidó aquí en el lugar donde estuvo el estadio de beisbol.
Quedando desamparado y desconociendo el idioma español, se dedicó al oficio de leñador, pasando por los callejones ofreciendo dicho producto para cocinar; era pelirrojo y nunca usó zapatos, porque no había de su número.

“El Güero” Urrutia
Roberto Soto Espinosa, era catcher de práctica en la Liga de Sonora; carpintero de oficio en el ferrocarril, un hombre de gran entusiasmo que perdió la vista.
A este señor le gustaba mucho el beisbol y se dice que era una enciclopedia en el deporte. Aunque no jugaba, se vestía con el uniforme de jugador y lo ponían de ayudante de lo que fuera y era feliz.

“El Güilito” Cananea
Joven perturbado de sus facultades mentales que siempre transitaba por el medio de las calles, moviendo las manos como si trajera un manubrio.
Le preguntaban que si cómo se llamaba y respondía que “Güilito Cananea”; un día andaba enchamarrado y le cuestionaron que si tenía frío y él respondió, “No tengo”; e insistieron ¿Y por qué traes chamarra?, diciéndoles “Precisamente por eso no tengo frío”.

“El Loco” Elías
Un viejo revolucionario que usaba bigote porfiriano, siempre con sombrero de fieltro texano y chamarra de cuero.
De forma frecuente, contaba historias de la Revolución en el billar de Don Ramón Palma, lugar que visitaba asiduamente.
Un día llegó a Empalme el General Abelardo L. Rodríguez, lo distingue entre las multitudes y le grita: “Elías”. Se acerca y lo abraza y dice a los presentes:
“Este hombre es uno de mis lugartenientes, y me salvó la vida en una batalla al norte de Empalme”.


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