JOSE GIL OLMOS / HERMOSILLO, SON
Manlio Fabio Beltrones Rivera es un político formado en la vieja escuela priísta, la de mano dura y finos tratos, la que genera desconfianza pero sabe negociar. De larga trayectoria política —tres décadas por lo menos—, sus adversarios lo tachan de “represor” o “encantador de serpientes”, en tanto que sus compañeros y ex colaboradores lo miran como “un político-político”, astuto, bien informado y de mano firme.
Beltrones ha sido gobernador, diputado, senador, subsecretario de Gobernación y líder de la Confederación Nacional de Organi-zaciones Populares (CNOP). Ha sabido tejer una amplia red de relaciones que utilizará en los próximos años, coinciden sus amigos y adversarios.
Discípulo del mítico político veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios, quien, se dice, murió en sus brazos, el ex gobernador sonorense lo mismo es amigo de Raúl Salinas que de Cuauhtémoc Cárdenas; de Emilio Gamboa que de Roberto Madrazo; de Luis Colosio y de Diego Fernández de Cevallos; de los líderes de las iglesias cristiana y ortodoxa; y de casi todos los empresarios más poderosos del país, con quienes habló a favor de Madrazo en la pasada contienda electoral.
Sin embargo, en el camino también se ha hecho de enemigos poderosos como Carlos Salinas de Gortari, quien lo vetó para ser el presidente de su partido en agosto de 2005; Elba Esther Gordillo, quien lo acusó de haber organizado desde las “cañerías del sistema político” una campaña negra que culminó con la expulsión de la dirigente magisterial de las filas priístas; y Emilio Chuayffet, con quien disputó la coordinación de la fracción priísta en la Cámara de Diputados la pasada legislatura.
Quienes conocen al sonorense lo describen como un personaje de dicotomías, de claroscuros. Se formó junto a Fernando Gutiérrez Barrios, de quien fue secretario particular y luego subsecretario en Gober-nación. A él le aprendió cómo ser un buen negociador y, a la vez, tener mano dura. Es, en suma, al mismo tiempo empresario y político que ha sabido cultivar su carrera gracias precisamente a su astucia. Beltrones provoca respeto, pero también temor sobre todo por los señalamientos respecto de sus presuntas relaciones con el narcotráfico.
Su papel como operador político es clave en el Congreso. Como coordinador de la fracción priísta en el Senado buscará la apro-bación de las reformas electoral y energética, lo cual lo ubica como negociador natural ante el gobierno que encabezará el panista Felipe Calderón.
Semanas antes de la derrota de Madrazo en las urnas, Beltrones comenzó a trabajar para convertir al PRI en el “partido bisagra” o el “partido de la gobernabilidad” en este sexenio. Incluso soltó su máxima de que “nadie puede pensar o creer que las victorias y las derrotas son de una vez y para siempre”. Propuso desde entonces convertir a su partido —tercera fuerza política— en el fiel de la balanza para la aprobación de todas las pro-puestas de reformas constitucionales durante la LX Legislatura.
Desde hace muchos años ha trabajado en mancuerna con su amigo Emilio Gamboa, quien desde la coordinación en la Cámara de Diputados hace lo propio para amarrar los acuerdos que fortalezcan a su partido durante los próximos años.
En su tierra, la clase política sonorense, así como académicos y periodistas recuerdan muy bien a Beltrones. “Es un hombre de mano dura”, describe la diputada local por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), Petra Santos, quien fue encarcelada en 1993 por el entonces gobernador luego de que bloqueara la caseta de San Luis Río Colorado para exigir la suspensión del peaje por esta caseta que los mismos campesinos habían construido.
“Manlio es un animal político de cepa, inteligente, astuto, con un discurso atractivo, convincente y democrático cuando así se requiere; tienen un oficio político impresio-nante, se presenta como campeón de los compromisos, pero por debajo maneja una política dura”, describe el doctor Alvaro Bra-camontes, investigador de El Colegio de Sonora.
Negocios con Puerto Peñasco
Roberto Sánchez, secretario de gobierno durante al gestión de Beltrones en Sonora, señala que la sombra del ahora senador persigue al actual gobernador Eduardo Bours, quien a pesar de haber mostrado en la pasada campaña una animadversión contra aquél —”hubo manlio negra” en la selección de candidatos a diputados y senadores, acusó el mandatario—, tiene en su equipo a perso-najes beltronistas, entre ellos Ricardo Mazón, como consultor de negocios, Guillermo Hopkins en Hacienda, Wenceslao Cota como director jurídico y Arnoldo Soto Soto, que se desempeña como contralor de la entidad.
Pero más allá de las diferencias, en Hermosillo es vox populi que tanto a Bours como a Beltrones los une el interés por el polo turístico de Puerto Peñasco, que en los últimos años se ha convertido en la principal fuente de inversión del estado. “En pocos lugares en el mundo hay tanta inversión en tan poco tiempo”, dijo el presidente Vicente Fox en una reciente visita el 21 de septiembre.
No son los únicos. Hay otros políticos que también se han interesado en ese puerto, entre ellos los mexiquenses Carlos Hank Rohn, quien ya estableció ahí una sucursal de sus centros de apuestas Kaliente, y Arturo Montiel, a quien apenas en mayo pasado se le vio comprando unos lotes turísticos, ajeno al escándalo público que sobre su fortuna se desató luego de la revelación de los cuantiosos depósitos en sus cuentas bancarias, así como en las de sus hijos y su esposa Maude Versini.
Hace una década Puerto Peñasco, ubicado al noroeste de Sonora, era una bahía de pescadores y su belleza natural era un privilegio que gozaban los rocaportenses sin ningún costo.
El 15 de noviembre de 1994, la historia de ese sitio comenzó a cambiar.
El gobernador Manlio Fabio Beltrones vendió a la empresa Inmobiliaria y Promo-tora Peñasco, S.A. de C.V., un lote de 47 hectáreas del desarrollo turístico La Choya, ubicado en la bahía del mismo nombre, en un millón 419 mil pesos. Es decir, a razón de tres pesos por metro.
El 21 de diciembre de 1996, la misma empresa Inmobiliaria y Promotora de Peñasco, S.A. de C.V. compró otro terreno de 5 mil 502 metros cuadrados frente a la playa, el cual había sido utilizado por los pescadores y sus familias como un muelle por más de 20 años, con el pretexto de que se trataba de te-rrenos nacionales.
El líder de los pesqueros rocaportenses, Fernando García Pacheco, presentó una denuncia ante la Cámara de Diputados de Sonora el 29 de septiembre de 1998, en la que aseguraba que en dicha transacción hubo “tráfico de influencias”, pues la inmobiliaria era propiedad del ex presidente municipal y diputado Federico Palacio Soto, quien también participó en la operación.
La demanda no prosperó. Medio año después, el propio García Pacheco desistió porque, dijo, no conocía “cabalmente” los orígenes y antecedentes del caso y, además, los medios de comunicación habían distorsionado la denuncia.
Hoy la especulación inmobiliaria es impresionante en este puerto, que cuenta con 110 kilómetros de litorales. Anualmente llegan ahí un millón 600 mil turistas, de los cuales el 80% vienen de Phoenix, Arizona, que está a tres horas y media de distancia, por carretera.
De acuerdo con estimaciones inmobi-liarias, la plusvalía de la zona aumentó en 953% por ciento en siete años. Una nota de Karla Ramírez, publicada en Reforma el 10 de julio pasado indica que en la segunda empresa desarrolladora de Puerto Peñasco, Sonora Resort, está metida la familia del go-bernador Bours, con una participación del 33%. Esta compañía maneja los desarrollos Sonoran Spa Resort, Sonora Sun Resort y Sonoran Sea Resort.
Asimismo, Juan Morfin, presidente del Fideicomiso Playa Norte —un proyecto de 3 mil 300 hectáreas donde se espera una inversión de 108.5 millones de dólares—, según la misma nota, dice que la familia Bours también está interesada en invertir, a pesar de que está detenido a causa de una demanda interpuesta por los dueños originales.
Puerto Peñasco es oro molido para los inversionistas. “Cuando llegamos a Puerto Peñasco en 1996 un lote de playa se cotizaba entre 70 y 80 mil pesos, ahora ese mismo se vende en 3 millones de pesos. Los primeros condominios que se vendían no pasaban de 7 mil pesos el metro, ahora hablamos de hasta 40 mil pesos”, señala Morfin.
El senador Beltrones ha puesto atención en otros negocios. Como lo publicó el reportero Jenaro Villamil, el coordinador de los senadores priístas es copropietario de la empresa consultora Aregional, que ofrece “información clasificada y oportuna, análisis y estadísticas sobre temas referentes al federa-lismo, el desarrollo regional y las finanzas públicas en general”.
A través de esta empresa creada en 2000 en sociedad con Alberto Cano Vélez, secretario técnico de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados en la LIX Legislatura, Beltrones ha tenido como clientes al Gobierno Federal, al PRI, PAN y PRD, diversos gobiernos estatales y hasta la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
La ruptura con Salinas
Aunque Beltrones nunca ha tenido contratiempos en sus negocios, en lo político ha pasado tragos amargos, como el supuesto interrogatorio que le hizo a Mario Aburto horas después de que éste asesinó a Luis Donaldo Colosio, con quien Beltrones disfrutaba domingos familiares a los que también asistía Emilio Gamboa.
Otro momento crítico lo vivió a partir del 23 de febrero de 1997, fecha en que The New York Times publicó una nota sobre sus presuntos vínculos con el narcotráfico durante su administración (1991-97) en Sonora. La nota lo ubicó incluso como colaborador de Amado Carillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”.
Beltrones se dijo entonces víctima de una calumnia “que lastima y da lástima”. Sostuvo que en 1993 denunció a Amado Carrillo y a varios de los parientes del capo, como Manuel y Cosme Fuentes Fuentes, y que incluso presentó una demanda judicial que, dijo, nunca prosperó.
También tuvo diferencias con Carlos Salinas de Gortari, a quien antes había ayudado a optar por Ernesto Zedillo como candidato sustituto de Colosio, al entregarle un video en el que se hablaba de las “virtudes” de éste.
En el 2000, cuando se disputaba la presidencia del PRI tras la derrota de Francisco Labastida, Salinas le prometió apoyarlo para sustituir de ese cargo a Dulce María Sauri Riancho. Sin embargo, el ex presidente le volteó bandera y se inclinó por Roberto Madrazo, quien hizo una “alianza estratégica”, alentada por el propio Salinas.
Cinco años más tarde se repitió la historia. El 31 de agosto de 2005, Salinas participó en una reunión celebrada en la casa de gobierno del Estado de México, cuando todavía era ocupada por Arturo Montiel. De acuerdo con varias versiones, Salinas le dijo a Montiel que si apoyaba a Beltrones “políticamente” estaba muerto.
Beltrones no pudo sustituir a Madrazo, quien dejaba la presidencia del PRI para lanzarse como candidato. En su lugar llegaría Mariano Palacios Alcocer. A pesar de ello, el sonorense desplazó a Gordillo de la coordinación de la Cámara de Diputados, que fue ocupada por Emilio Chuayffet, y empeñó sus esfuerzos para que la dirigente magisterial fuera expulsada de ese partido, con el pretexto de que había traicionado los principios al apoyar la creación del Partido Nueva Alianza y obstaculizar la campaña presidencial de Madrazo.
El sonorense se refugió en la CNOP, se alejó de la disputa interna en el equipo de campaña de Madrazo y aseguró su candidatura en el Senado, donde ahora es el coordinador de la bancada priísta, así como presidente de la Mesa Directiva, y será el principal negociador de las reformas estructurales con el gobierno de Felipe Calderón.
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