Pemex, el comenzose del acabose





Notimex Dossier Politico

Dia de publicación: 2017-04-21


Fue un día como hoy, hace 25 años. Era también Semana de Pascua pero el 21 cayó en martes. El olor a gasolina salía por las alcantarillas y las cañerías de las casas del oriente de Guadalajara. Hacía un calor insoportable. Mucha gente del barrio de Analco salió de sus casas porque el hedor del hidrocarburo les mareaba. Afuera, técnicos de Pemex, sin identificación alguna, tomaban muestras de gases y medían la explosividad en las bocas de las alcantarillas con unos aparatos hasta entonces desconocidos para la mayoría de los mortales: muy pocos sabían que existían los exposímetros; la mayoría no sabíamos el peligro que puede representar un colector.

Unas horas más tarde, minutos después de las 10 de la mañana del día 22, apenas calentó el sol, una serie de explosiones destruyeron 15 kilómetros de calles. Llegaron desde lo profundo del colector, destruyeron casas, escuelas, negocios. Los autos volaron hasta las azoteas; miles de personas quedaron atrapadas en los escombros. El saldo fue de 238 muertos, centenas de heridos y una ciudad que tardó muchos años en volver a dormir en paz porque, literalmente, había perdido el piso.

Aquel 22 de abril en Guadalajara explotó también la corrupción en Pemex. El origen de la tragedia fue el robo de gasolina. La paraestatal gastó millones de pesos para tapar evidencias, generar otras hipótesis, culpar a quien fuera con la extraordinaria excusa de que lo que estaba en juego era el prestigio de la empresa más grande y representativa de México en medio de una difícil negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. La paraestatal nunca aceptó la culpa, pero pagó las indemnizaciones. Pemex hizo todo por tapar su responsabilidad; nunca hizo nada por detener el robo de gasolinas.

Desde entones el robo de hidrocarburos ha ido en ascenso.

Hoy se estima que la ordeña de ductos, a través de más de 5,000 tomas clandestinas a lo largo de todo el país, es de 2 millones de pesos por hora, más de 17,000 millones de pesos al año. Es el equivalente al presupuesto original la línea Dorada del Metro en la Ciudad de México, la Línea Tres del Tren Eléctrico en Guadalajara o 18 meses de presupuesto de la empobrecida Secretaría de Cultura federal.

Hace 25 años el robo de gasolina era un negocio de los empleados de Pemex, con la anuencia, complacencia o participación de los directivos.

Hoy es un negocio del crimen organizado con la participación de técnicos de la paraestatal y la incapacidad de los directivos y de los gobiernos para frenarla.

Un día como hoy, hace 25 años, comenzó, simbólicamente, el desmoronamiento de Pemex. Aquel día fue, diría Mafalda, apenas “el comenzose del acabose”.

petersen.diego@gmail.com


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