La transición de un modelo de seguridad soportado en la guerra, a uno  basado en la construcción de la paz (I)



En este enfoque jugará un papel clave la Guardia Nacional como parte de un modelo integral. Hoy, el reto es analizarla en dos dimensiones: por un lado, a partir de las violencias y, por otro, de los problemas sociales.



Dr. Carlos G. Palafox Moyers/


Dia de publicación: 2019-03-14


Este artículo es producto de la asistencia al Coloquio sobre la Guardia Nacional: Realidad y Prospectiva, realizado por el Posgrado de Derecho de la Universidad de Sonora el día viernes 8 de marzo del presente año. La participación de un servidor fue en la mesa III, denominada “Los retos de la Guardia Nacional en la construcción de la paz y el fortalecimiento de la democracia, desde la perspectiva ciudadana”. El evento se realizó en el Centro de las Artes, de 15:00 a las 21:00 horas, con una participación impresionante de asistentes que abarrotaron el espacio universitario.

El nombre de esta tercera mesa lleva a reflexionar sobre el proceso de transición que está viviendo el país en todos los niveles. Particularmente el tránsito de un enfoque de seguridad nacional centrado en el enfrentamiento al crimen organizado, a otro basado en la construcción de la paz. Dos modelos de seguridad opuestos, uno de guerra y otro de paz. Este último es un enfoque de seguridad radicalmente diferente al de los gobiernos anteriores, que se centra en distintas vertientes como la legalización de la marihuana, amnistías, comisiones de la verdad y justicia transicional, entre otras.

En este enfoque de la construcción de paz jugará un papel clave la Guardia Nacional. Es importante resaltar que se debe de analizar, la Guardia Nacional, como parte importante de un modelo integral y de ninguna manera analizarla desde una perspectiva individual o aislada.

Por ello es importante hacer las siguientes interrogantes como hilo conductor: ¿La aprobación de la Guardia Nacional, junto con otras estrategias integrales, resolverá el problema de violencia e inseguridad en que vive el país? ¿Será militar y controlada por el Ejército? ¿La Guardia Nacional debilitará la incipiente democracia en el país? ¿Cómo enfrentará los problemas sociales?

Después de casi tres meses de discusiones y de cinco versiones de dictámenes y modificaciones, finalmente el Congreso aprobó la reforma constitucional por la cual se crea la Guardia Nacional.

Hoy, el reto es analizarla en dos dimensiones; por un lado, a partir de las violencias y, por otro, de los problemas sociales.

Antes de retomar algunas de las interrogantes y dar respuesta a los retos que enfrentará, es importante ubicar, primeramente, no sólo el nivel sino los tipos de violencia  que se presentan en el país; además, identificar algunos de los posibles factores estructurales que las están generando, así como la inseguridad en la nación. Posteriormente, analizar la problemática social y la configuración de la Guardia Nacional y los retos que enfrentará en el futuro inmediato.


 Las violencias
 

Desde hace algún tiempo en México se ha venido utilizado el concepto de las “violencias” para poder identificar y caracterizar a las diferentes expresiones de la misma. Con este concepto se pueden identificar dos de tres grandes grupos: la violencia social y la violencia del crimen organizado. La primera hace referencia al feminicidio, la violencia familiar, a la que sufren las mujeres, niñas y niños así como los adultos mayores. La segunda se manifiesta con homicidio doloso, secuestro y extorsión; sin duda, es la que atrae más atención de los medios de comunicación y el gobierno.

En América Latina y México cada día mueren asesinadas nueve mujeres. Y esta terrible cifra puede ser sólo la punta de un fenómeno más profundo y complejo.

En México, la mayoría de las mujeres casadas o con novio ha sufrido algún tipo de violencia machista. Esto supone un 64% de los casos. Más de 12 millones de mujeres que soportan el terror en el interior de sus casas, en la intimidad de su relación. Y la cifra más alarmante: alrededor de ocho millones han sido asfixiadas, cortadas, quemadas, han sangrado por problemas nerviosos y han reconocido padecer depresión. Además, hay otros cuatro millones de mujeres a las que ya han intentado asesinar o ellas han reconocido plantearse el suicidio.

Pero la impunidad en México pesa demasiado y este es uno de los motivos por los que menos del 10% de los delitos se denuncia. En el año 2016, en México, se registraron las cifras de feminicidios más altas de los últimos 27 años, 2 mil 813 mujeres asesinadas. El límite parecía haber llegado con siete mujeres asesinadas al día en 2011. Sin embargo, en 2017 murieron asesinadas 3 mil 430 mujeres, nueve al día. La tendencia para 2018 y 2019 no es nada esperanzadora.


Violencia del crimen organizado, ola de violencia que no quiere disminuir


La cifra de homicidios en México se disparó a 33 mil 341 en 2018, la más alta desde que iniciaron los registros en 1997, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

El nivel previo más elevado de violencia se había registrado en 2017 con 28 mil 866 víctimas de homicidio doloso; es decir, presentó un incremento del 15% sobre el pico más violento, lo cual nos pone en una situación muy endeble como sociedad. El año 2018 registró un nuevo récord de violencia.

Por otra parte, cuando se habla de la violencia del crimen organizado se hace referencia a los grandes capos y casi nunca se considera a los integrantes que conforman estas organizaciones. Por ello es importante resaltar que una gran parte de la estructura de estas agrupaciones se conforma por niños, niñas y adolescentes. En poco más de una década, de 2006 a 2017, alrededor de 11 mil niños, niñas y adolescentes fueron asesinados en un país en marcada guerra contra el narcotráfico.


Estrategias y Estado casi fallido

La estrategia utilizada por el gobierno mexicano (Calderón y Peña Nieto) para debilitar a las organizaciones criminales estaba dirigida a fragmentarlas y lo único que logró fue multiplicar la violencia a niveles históricos. Por otra parte, tras cinco años y más de 9 mil millones de pesos destinados a una estrategia de prevención del delito que se abandonó a medio camino, el programa estrella del presidente Enrique Peña Nieto no dio los resultados esperados.

Uno de los factores de mayor impacto, sin duda, fue la gran falla de las instituciones que presentaban gran nivel de debilidad y descomposición al interior, lo que se reflejó en altos niveles de corrupción e impunidad. A partir del año 2000 no se logró consolidar un estado funcional, por un lado dinamitado por las formas caciquiles y clientelares de los gobiernos estatales y, por otro, por el crimen organizado.

En la siguiente entrega se continuará analizando los factores estructurales que multiplicaron las violencias, los fenómenos sociales que pueden detonar, así como la conformación de la Guardia Nacional y los retos que enfrentará, cuando menos en estos dos niveles.

 Finalmente, agradecer al Dr. Pesqueira Leal, al Maestro Cambell Araujo y al Dr. Soto la Madrid por la generosa invitación a este magno evento y felicitarlos por la pertinencia e importancia del tema para la construcción de un proceso de paz que tanto necesita el país.

* Docente e Investigador del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora y Consejero del Observatorio Ciudadano de Convivencia y Seguridad del Estado de Sonora (OCCSES).


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