11 de septiembre de 2018: ¡Allende vive!





Mouris Salloum George (*)/


Dia de publicación: 2018-09-11


En realidad, el golpe de Estado contra el gobierno de la Unidad Popular presidido por el doctor Salvador Allende -llegado al poder en su cuarta tentativa-, fue previsible pero no eficazmente evitable desde marzo de 1970.

En la primavera del 70 ya estaba a caballo la campaña para relevar la presidencia de Chile de  Jorge Alessandri. La candidatura de Eduardo Frei fue abanderada por el Partido Demócrata Cristiano.

Allende logró mayoría simple de 36.6 por ciento de la votación; el  Congreso Nacional avaló el triunfo de quien había sido ya diputado y dos veces presidente del Senado.

Tenemos a la vista un expediente integrado con los llamados Documentos secretos de la ITT (Telephone anda Telegraph Corporation/ EU), datado el 29 de marzo de 1972.

El primer documento (septiembre de 1970) da cuenta que ejecutivos de la ITT cabildeaban en el Departamento de Estado, entonces administrado por Henry Kissinger, solicitando intervención de la Casa Blanca en la situación chilena.

Las líneas finales del cuarto párrafo de ese texto subrayan: Hemos oído rumores de movimientos de los militares chilenos. Desde el segundo párrafo se argumenta ante el consejero de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado, el riesgo para las inversiones de ITT en Chile, pero, magnifica, representan una amenaza a todo el Hemisferio.

“Estamos preparados”, dice el agente de la  ITT, para ayudar económicamente con sumas hasta de siete cifras para actuar antes de que se “roben el caballo’”.

En el segundo documento se afirma que el Departamento de Estado giró instrucciones al embajador en Santiago, Edward Korry, dándole luz verde para pone en marcha el complot a fin de impedir que Allende tome el poder.

Rescatamos del expediente un dato no precisamente accesorio: Los diarios de El Mercurio son otro factor clave de apoyo: Es extraordinariamente importante mantenerlos vivos y publicando desde ahora hasta el 24 de octubre. Son la única voz francamente anticomunista. Éste puede resultar el talón de Aquiles de la gente de Allende.

El huevo de la serpiente, pues, se estaba incubando. Incluso se asegura que el embajador estadunidense activa la opción de que Alessandri sea confirmado y renuncie enseguida para que Eduardo Frei se vuelva a postular. Todo consta en los Documentos secretos de la ITT.

Se engrasa la maquinaria infernal

Cuando el Congreso Nacional sancionó los resultados electorales, se puso en marcha la maquinaria infernal: El 11 de septiembre de 1973, una horda de generales, encabezada por Augusto Pinochet, asestó el brutal golpe, asesinando a Allende e instalando la Junta de Gobierno de Chile; obviamente la usurpación corrió a cargo de altos mandos de las fuerzas armadas.

Desde los primeros días de la usurpación, la Organización de las Naciones Unidas estuvo en posesión de reportes que denunciaban el asesinato de 30 mil civiles, ejecutados sin juicio ni investigación preliminar.

Una Comisión Internacional para la Investigación de los Crímenes de la Junta Militar de Chile estableció que, desde el golpe, la manada uniformada  pretendía revestirse de legalidad, no obstante haber desconocido ipso facto la Constitución.

La resistencia, a los campos de concentración

Disuelto el Congreso, el pinochetismo empezó a gobernar con base en bandos y decretos administrativos que comenzaron por proscribir a los partidos políticos y básicamente las organizaciones sindicales y campesinas que encabezaron la resistencia. Seguirían los centros universitarios y diversas órdenes religiosas.

Bajo la tipificación de “delincuentes comunes”, las víctimas de la represión fueron enviadas a campos de concentración en al menos doce cárceles clandestinas incluyendo las de Santiago. En un conteo inicial se documentó la existencia de 224 presos políticos. Un estadio de fútbol en la capital fue escenario de ejecuciones masivas.

Para tratar de legitimarse, en 1978 Pinochet convocó a un referéndum. Un despacho de abogados consultados por la Comisión Internacional para la investigación de crímenes de la dictadura, documentó palmarias irregularidades en la votación, bastantes para invalidar cualquier elección seria, “aun cuando se tratara de un club de fútbol”.

Aunque la brutal represión, la persecución, el exterminio y la  deportación ce cebaron principalmente en militantes comunistas y socialistas, la paranoia castrense cortó cabezas del Partido Demócrata Cristiano, proscrito junto con el Partido Nacional.

Para enero de 1978 doce políticos democristianos habían sido detenidos y deportados al norte de Chile. En el paquete total fueron incluidos senadores y diputados desaforados.

La Corte Suprema, al servicio de los chacales

En todo ese proceso, tribunales y la misma Corte Suprema de Justicia asumieron una actitud facciosa contra toda manifestación de oposición y resistencia y, en lo general, de apoyo a los monstruosos actos de la dictadura.

Del resumen de la investigación de la Comisión Internacional, extraemos una conclusión cuyo texto no tiene desperdicio: Los acontecimientos de Chile confirman la regla de que, independientemente de éste o cualquier camino de desarrollo de un proceso revolucionario, las fuerzas de la reacción interna y externa intentan por todos los medios privar al pueblo del poder.

Para alcanzar sus objetivos egoístas, los reaccionarios están dispuestos a pisotear la libertad y la democracia, sobre las que predican mucho cuando les es ventajoso.

Recuerda esa conclusión que, cuando las fuerzas de la derecha se ven aisladas y pierden las posiciones que antes les permitían conservar el poder, entonces sin vacilación marchan a la sublevación, a la violación de las normas constitucionales del país; recurren a los círculos reaccionarios de las fuerzas armadas y de los destacamentos fascistas paramilitarizados.

El texto formulado por la Comisión Internacional de Investigación de la Junta Militar se divulgó bajo el título: Chile, el fascismo “legisla”.

Más temprano que tarde, las grandes alamedas se abrirán al hombre libre

Mañana se cumple el 45 aniversario del asesinato de Salvador Allende. Como lo indicamos en los primeros párrafos de esta entrega, en el centro de la conspiración estuvo el Departamento de Estado (USA), bajo la presidencia de Richard Nixon, invocando la seguridad de sus connacionales, que no eran otros que los corporativos monopólicos norteamericanos.

La autoridad religiosa, en su vertiente católica, fue omisa frente a la brutalidad de Pinochet. Incluso, una de las sectas más activas, el Opus Dei, saludó bajo palio a la dictadura y se plegó públicamente a sus botas.

La diplomacia mexicana brilló por su dignidad. Arrancado el proceso de sucesión presidencial de 1976, abortó en Monterrey, Nuevo León, La conspiración de Chipinque, para derrocar el gobierno de Luis Echeverría, objetivo ya aclimatado desde 1973 en capitales como la de Puebla y tangencialmente la de Jalisco. Más tarde, generalizada en Sinaloa y Sonora.

Consciente de su sino trágico, el doctor Allende llegó a suscribir: Estén ustedes seguros de que, mucho más temprano que tarde, se abrirán  las grandes alamedas por donde volverá caminar el hombre libre.

Recordarlo en México donde, ante el anuncio de una nueva era, los emisarios del pasado lanzan desde sus madrigueras ominosos rumores no escasos de esquizofrenia. ¿Y si no son simples rumores?

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.


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