La gran ausente en la agenda de los presidenciables





Abrahám García Ibarra/


Dia de publicación: 2018-06-11


La gestión de una de las más indispensables iniciativas políticas -quizá la más radical– que exige el imperativo de una función pública eficaz, permanece ausente en la agenda de los candidatos presidenciales: La Reforma del Gobierno.

En la reforma administrativa ensayada durante el sexenio de José López Portillo, el resultado es que el tiro salió por la culata. Sólo para listar algunos de sus fines, señalaremos tres: Control, eficiencia y eficacia. (Por control se entiende, sobre todo, la vigilancia del manejo del presupuesto público.)

Lo escribió el filósofo: “Conocimiento no es sabiduría”

Eso del tiro por la culata, lo sostenemos a la luz de la aplicación del proceso selectivo de altos mandos para el sector público: Fue desplazada la vieja burocracia. Sus puestos fueron entregados a los que a sí mismos se calificaron como cuadros de excelencia.

Esos agentes del Estado fueron reclutados conforme sus pergaminos académicos; los obtenidos hasta el último posgrado de preferencia en universidades extranjeras.

De esa manera, se abrió espacio al especialismo. Desde aquellos días, retomamos un dictamen filosófico de factura estadunidense: Conocimiento no es sabiduría.

La tecnocracia mexicana dio sentido a esa advertencia, cuando su proyecto desembocó en el Estado neoliberal.

Fallida “renovación moral de la sociedad”

A propósito del control presupuestal -una de las premisas de la citada reforma administrativa-, el paso siguiente en el sexenio de Miguel de la Madrid fue la revisión constitucional al título cuarto que instituyó las responsabilidades de los servidores del Estado.

Después de cuatro décadas -seis sexenios-, con la tecnocracia neoliberal el balance es el siguiente: El crecimiento de la economía mexicana ha quedado anclado en un 2 por ciento anual. La corrupción pública se ha disparado exponencialmente.

Dos acciones marcaron el arribo de Vicente Fox a la presidencia de la República: A fin entregar los gabinetes legal y ampliado, el guanajuatense contrató cazadores de talento para formar su gabinetazo.

Se dio entonces un fenómeno propio de la condición humana: Los priistas que ocupaban altos mandos federales, para cuidar la chuleta,  se autodenominaron “servidores del Estado, no de un partido”. Muchos conservaron sus rentables plazas.

En otra banda, en el Senado legisladores priistas promovieron la iniciativa para instituir el Servicio Profesional de Carrera, a tenor con el Servicio Civil que ampara a los trabajadores de base.

Pugnas por la titularidad de las condiciones generales de trabajo

Desde el punto de vista político -relacionado con el clientelismo electoral-, se pretendió atacar el corporativismo sindical, desde entonces mangoneado por la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) al mando, todavía, de Joel Ayala Almeida, de nuevo senador.

Para esa maniobra, se emplearon los servicios políticos de la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), la entonces todavía priista Elba Esther Gordillo, quien, a título de “democrática”, creó su propia federación sindical.

La intriga permeó, pues, la función pública. El diferendo legal se resolvió en favor de la FSTSE, como titular de la relación Estado-Sindicatos, para la negociación de las condiciones generales de trabajo.

Ese estatuto está vigente hasta la fecha: Se documenta ahora, dicho para ilustrar el caso,  con el conflicto SNTE-Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en cuyo centro está la reforma educativa -de naturaleza administrativa, más que pedagógica-, resuelto discrecionalmente  en favor del primero.

Por sinrazones que son del dominio público, en el proceso narrado lo que ha resultado es que el gasto corriente -del que se pagan los “servicios personales” de la burocracia- ha crecido geométricamente.

Hace tres años, tuvo presencia mediática una asociación que, con gráficas irrebatibles a la mano, comprobó la profunda y discriminatoria disparidad entre las retribuciones que se pagan a los altos mandos, vis a vis con las que perciben más de dos millones de empleados de base.

Barrio Terrazas: “Nada de cacahuates, lingotes de oro”

En el sexenio de Miguel de la Madrid, se creó la Secretaría de Contraloría de la Federación a la que se confió la renovación moral de la sociedad, cuyo fin fue prevenir, investigar y castigar la corrupción.

Fox le cambió el nombre a Función Pública. Designó titular al ex gobernador de Chihuahua, Francisco Barrio Terrazas.

Barrio Terrazas cobró celebridad por una compulsiva aparición en escena con una propuesta a Fox: En vez de cacahuates, tengo lingotes de oro.

Como estaba en cartelera el asunto de campaña de 2000, Amigos de Fox, el chihuahuense sacó a balcón el Pemexgate PRI-Francisco Buenaventura Labastida Ochoa. La Función Pública como instrumento para el ajuste de cuentas político.

Prevalecen el nepotismo, el amiguismo y el compadrazgo

El punto es el Servicio Profesional de Carrera. Según sus enunciados, tres de sus principios son la imparcialidad, la objetividad y la transparencia en la asignación de las plazas vacantes o de nueva creación, que en algunos casos debiera pasar a exámenes por oposición.

Una falacia que pretende encubrir el favoritismo, el amiguismo y el compadrazgo que siguen prevaleciendo en la Función Pública y anula el imperativo de la eficacia.

Nueva marca de la casa: “La estafa maestra”

Como toda peste contamina, lo que atrofia la administración central se ha difundido hacia los órganos autónomos del Estado, muchos de ellos depositarios de facultades que chocan con las históricas y legales de los secretarios encargados de despacho por la duplicación de atribuciones y, por consecuencia lógica, del gasto gubernamental.

Hasta 2017, como resultado de la compulsa de las Cuentas Públicas sobre el Presupuesto de Egresos de la Federación, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la Cámara de Diputados ha documentado sistemáticamente durante el sexenio, monstruosos desvíos del gasto, subejercicios cuyos remanentes se aplican a infinidad de fondos y fideicomisos, a veces inescrutables.

A la casa gubernamental federal, recientemente se le puso una nueva marca, presentada mediáticamente como La estafa maestra, urdida desde la Secretaría de Desarrollo Social.

Toda peste contamina: La fiscal de la ASF que comprobó la estafa y continuaba el proceso de investigación, fue cesada fulminantemente por el nuevo auditor titular, David Colmenares Páramo, acusándola de conflicto de interés, que no se había detectado durante 14 años de servicio de la funcionaria en dicho órgano legislativo.

En ese cese parece haber un gato no tan encerrado: De la Secretaría de Desarrollo Social, fue titular el actual candidato presidencial del PRI, José Antonio Kuribreña, el beligerante plurisecretarial.

En la subcultura burocrática a la mexicana, hay dos especies de máximas. El funcionario que sale: El que venga atrás que arríe. El que llega: Borrón y cuenta nueva. La madre de todas las coartadas: Hoy por ti, mañana por mí.

Se explica entonces -se justifica, nunca- que los candidatos a jefe de Estado, aunque a una sola voz se comprometen combatir la corrupción, no agarran el toro por los cuernos de una impostergable Reforma del Gobierno. Es cuanto.


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