Un policía bueno... o un policía malo





Roberto Fleischer Haro/


Dia de publicación: 2017-12-01


Con el aumento del índice de violencia y delito, la sociedad se viene adhiriendo crecientemente a propuestas extremadamente conservadoras y reaccionarias.

El que exista la tortura, la represión, la violencia y la corrupción policíaca, ha pasado a no significar nada para la población, hacer algo así como una abstracción ideológica, gracias al intento gubernamental por ganar a la opinión pública para todas estas propuestas en las que el ciudadano tiende a identificarse con el Estado o la autoridad.

Con esta situación socioeconómica, con el aumento de la delincuencia y de la violencia en general, hay una profunda confusión en la discusión sobre la Seguridad Pública. Las entidades, las instituciones, la sociedad, todos queremos respuestas inmediatas.

En cuanto más se procuran soluciones inmediatas, más errores se cometen. El problema no tiene solución a corto y mediano plazo, es necesario pensar en un proyecto estratégico, de largo plazo, porque hay muchas cuestiones a considerar.

En el asunto de la depuración policiaca el problema se encuentra al principio, en la mala selección y formación de los cadetes en la academia capacitadora de los futuros policías y después cuando son policías activos la mala o nula supervisión del desempeño del servidor público dentro y fuera de su servicio.

De qué sirve si detectan a un mal policía y lo expulsan de la corporación, si atrás de él se están formando otros futuros malos policías que van a ser igual o peor que el que acaban de correr.

Estos malos ex policías que el gobierno invirtió en la capacitación en el uso de armas, procedimientos policíacos y el uso

de radio comunicación en clave, al momentos que son separados de la corporación con todo el conocimiento que tienen, ¿En qué cree usted que se va a convertir?

La depuración es una forma de hacer política y tratan de darle a la sociedad una falsa impresión de que están trabajando combatiendo la corrupción y la impunidad, lo malo de esta práctica, es que se decapita también a los buenos policías, que tuvieron el infortunio de toparse con un influyente o con un funcionario de alto rango,

Primero, extirpar de la policía lo que esta gangrenado y no permitir espacios para la corrupción, al mismo tiempo, iniciar una nueva formación de servidores policiales, con buenas condiciones de trabajo y capacitación técnica, de suerte que se tengan algunos resultados en el futuro. Fundamentalmente es necesario cambiar de mentalidad.

Porque una preocupación que hay que asentar, tiene que ver con la forma en que la sociedad puede detener los abusos de la policía. La policía está preparada para resistir y controlar a los delincuentes, pero la sociedad no está preparada para controlar los excesos de la policía, cuando ésta actúa contra la sociedad.

En relación con los delincuentes comunes, la población adopta determinados patrones de comportamiento, de seguridad, pero no en relación con la policía, que debería garantizar la seguridad pública y no violarla. Se responde a tales abusos demandando su investigación, sin embargo, son las propias corporaciones policíacas las que investigan sus excesos, basadas siempre en conceptos muy peculiares respecto de lo que es ser un buen o mal policía.

Entre otras cosas, se hace necesario acabar con la ideología de la impunidad. Pero en un proceso lento, gradual y seguro, también es necesario que el aparato judicial y el

administrativo adopten medidas eficaces en el combate a los que se asocian a la delincuencia, y también a los que traspasan los límites legales y legítimos en acciones de represión.

Es necesario acabar con la impunidad, mostrar al policía que él será castigado en caso de que cometa abusos y se asocie con delincuentes.

Las corporaciones policíacas son expresión de la fuerza pública del estado, expresión peligrosa, y que por tanto debe ser controlada, sus actividades deben estar definidas en una política clara de seguridad pública, y sus componentes claramente seleccionados, para que, en caso de que se pase por encima de esas definiciones, la sociedad cuente con instrumentos eficaces para investigar y sancionar a los responsables.

Depurar y profesionalizar los cuerpos policíacos no puede ser un proceso rápido,

toma por lo menos cuatro o cinco años ver los primeros resultados, pero, además, dotar a las policías de mejores condiciones para actuar, para hacer investigaciones profesionales, para darle mejores condiciones de vida y de trabajo, puede ser económicamente costoso en un primer momento.

Si se enfatizan estos puntos, se podría crear una fuerza policíaca que sea verdaderamente parte de la sociedad, con elevado sentido del deber, el servicio y la responsabilidad, fundamentado en el conocimiento, la habilidad y la integridad, constituyendo así la mejor garantía de que los derechos humanos serán promovidos y protegidos.

Roberto Fleischer Haro

Miembro de la IV generación de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

Registro Nacional de Seguridad Pública FEHR440205H26223583


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