Maximiliano, iluso emperador



En el epílogo de la trama real, Maximiliano en el abandono fue capturado en la ciudad de Querétaro el 15 de mayo de 1867 y condenado a muerte por un consejo de guerra



José Rubinstein/


Dia de publicación: 2017-06-19


Hoy, 150 años atrás, 19 de Junio de 1867, Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, Maximiliano I de México, Emperador del Segundo Imperio Mexicano (1864 a 1867), fue fusilado junto con los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, luego de haber sido condenados en juicio sumario en el Teatro Iturbide, hoy Teatro de la República.

El efímero imperio de Maximiliano, al lado de su consorte Carlota Amalia de Bélgica, convertida en Emperatriz Carlota Amalia de México, se asemeja a un argumento novelesco de la vida Real. Inicia la trama en 1863, con la visita definitiva al Palacio de Miramar, residencia de Maximiliano y Carlota, en Trieste, Italia, de una reducida comitiva de once suspirantes monárquicos mexicanos, entre quienes destacaban el diplomático José María Gutiérrez de Estrada, el aristócrata conservador José Pablo Martínez del Río y Juan Nepomuceno Almonte —hijo de José María Morelos—, insistiéndole al entonces archiduque de Austria, aceptar la corona de México.  Tras varios intentos, en esta circunstancia, posterior a la Intervención Francesa en México, dirigida por Napoleón III, de la captura de la Ciudad de México por el general Forey y del dudoso plebiscito ocurrido mientras las tropas francesas ocupaban gran parte del territorio nacional, que Maximiliano consintió en aceptar la corona: “Acepto el poder constituyente con que ha querido investirme la nación, cuyo órgano sois vosotros, pero sólo lo conservaré el tiempo preciso para crear en México un orden regular y para establecer instituciones sabiamente liberales. Así que como os lo anuncié… me apresuraré a colocar la monarquía bajo la autoridad de las leyes constitucionales, tan luego como la pacificación del país se haya conseguido completamente”.

En abril de 1864 se firmó el Tratado de Miramar entre Napoleón III y Maximiliano I, apoyando la instauración del archiduque austriaco en el poder, manteniendo en México a un ejército no menor a 25 mil hombres, el cual luego de seis años se reduciría hasta ser sustituido totalmente por tropas mexicanas. Asimismo, Francia se comprometía a otorgar al gobierno de Maximiliano un préstamo por 12 millones de francos. El régimen monárquico se comprometía a restituir una cuantiosa suma a Francia por gastos de guerra, además de una renta anual de mil francos por cada soldado francés en territorio nacional. Justo antes de zarpar a México, Maximiliano fue notificado de haber perdido todos sus derechos de nobleza en Austria.

México atravesaba entonces tiempos por demás precarios. La Guerra de Reforma de 1857 a 1860 había dejado al país en la ruina en todos niveles. A lo largo de los gobiernos de Juan Álvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez se habían expedido las Leyes de Reforma, suprimiendo fuerzas de la Iglesia y del Ejército, decretando la libertad de imprenta, desamortizando los bienes eclesiásticos y de las corporaciones civiles, decretando la libertad de cultos, creando el Registro Civil, entre otras disposiciones. Los grandes terratenientes, afectados en sus intereses, reaccionaron formando sus propios ejércitos, aprovechando que Estados Unidos no tenía como prioridad apoyar al gobierno de México, en virtud de enfrentar su interna Guerra de Secesión, consiguiendo acorralar a las fuerzas del presidente Benito Juárez. Por si no fuera suficiente en octubre de 1861 España, Francia e Inglaterra acordaron intervenir al gobierno de Benito Juárez por el incumplimiento prolongado de su deuda. Sin embargo, al llegar a costas mexicanas, el gobierno liberal de Juárez convenció a las tropas de España e Inglaterra a retirarse, firmando el conciliador Tratado de Soledad de Doblado. El caso de Francia era distinto, Napoleón III ambicionaba contrarrestar el poder e influencia de Estados Unidos en América, por lo que decidió aprovechar la coyuntura de la Guerra de Secesión para invadir México. Tras el revés sufrido en Puebla ante las tropas de Ignacio Zaragoza, el 5 de mayo de 1862, los franceses, repuestos, consiguieron ocupar la Ciudad de México el 10 de junio de 1863. El gobierno de Juárez inició entonces un peregrinar por la República, hasta 1866, en que Francia comenzó el  retiro de sus tropas, debido en parte a la inminente guerra a punto de estallar entre el país galo y Prusia, ya que habiendo concluido la Guerra de Secesión en 1865, con la derrota de los Confederados, Estados Unidos se encontraba ya en posibilidad de apoyar la causa de Benito Juárez.

Este es el sombrío escenario en el cual desembarcaron Maximiliano y Carlota en el puerto de Veracruz en mayo de 1864, recibidos por un país herido por la guerra y dividido en sus convicciones.

Maximiliano de Habsburgo, masón, políglota —ocho idiomas—, instruido en filosofía, historia y derecho canónico, inclinado al arte, la poesía, pintura y literatura, viajero apasionado, romántico e iluso, literalmente se embarcó en una riesgosa aventura en tierras lejanas que caro le habría de costar

Los flamantes emperadores establecieron su residencia en el Castillo de Chapultepec, ordenando Maximiliano construir una amplia avenida hacia al centro de la ciudad, originalmente llamada Paseo de la Emperatriz, hoy Paseo de la Reforma. Desde un principio las fuerzas liberales encabezadas por el presidente Benito Juárez se negaron a reconocer la autoridad de Maximiliano, suscitándose contínuos enfrentamientos entre republicanos y las tropas imperiales, integradas por mexicanos, franceses, austriacos y belgas.

No teniendo hijos propios, Maximiliano y Carlota adoptaron a dos nietos —primos entre sí— del primer emperador, Agustín de Iturbide, concediéndoles el título de “Su alteza príncipe de Iturbide”, como herederos legítimos al trono de México.

Para aflicción de los conservadores, Maximiliano implementó distintas políticas neoliberales propuestas por el gobierno de Juárez: ratificó las Leyes de Reforma, apoyó la Reforma Agraria, la libertad religiosa, restringió jornadas de trabajo construyó museos, rompió el monopolio de las tiendas de raya, extendió el derecho de voto más allá de la clase de terrateniente, creó el Registro Civil y se negó a devolver bienes a la Iglesia, principalmente. Con los indígenas Maximiliano se comportó paternal y caritativo, “son lo mejor de México”. Maximiliano ofreció en vano a Juárez una amnistía si juraba lealtad a la corona, ofreciéndole el cargo de Primer Ministro.

Los astros se le fueron desalineando a Maximiliano. Gran parte de conservadores decepcionados retiraron su apoyo al imperio, aunado a la insistencia de liberales republicanos, que aun simpatizando con Maximiliano, no deseaban ser gobernados por un impuesto gobierno monárquico. Napoleón III instó a Maximiliano a abandonar México, a lo cual éste se negó. En 1866, Napoleón III retiró sus tropas del frente de resistencia mexicano, presionado por la negativa de Estados Unidos a tener una potencia europea como vecina, la Doctrina Monroe era implacable: “América para los americanos”. Por otro lado, como ya mencionamos, Francia requería un mayor contingente militar para enfrentar al ejército prusiano de Otto Von Bismarck.

Abatida, Carlota se trasladó a París, a Viena, a la Roma del Papa Pio IX, clamando por apoyo. Ante su fracaso, Carlota sufrío un colapso emocional que le impedíria retornar a México, quedando recluida en Miramar y posteriormente en el Castillo de Bouchan, en Bélgica donde murió en 1927.

En el epílogo de la presente trama real, Maximiliano en el abandono fue capturado en la ciudad de Querétaro el 15 de mayo de 1867 y condenado a muerte por un consejo de guerra. Distintos jefes de casas gobernantes europeas, Victor Hugo, Giuseppe Garibaldi, entre otros, apelaron inútilmente por la vida de Maximiliano.

“Mexicanos, muero por una causa justa: la de la Independencia y la libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria.  ¡Viva México!

                                                               *Analista



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